O Henro San – Capítulo 1

Publicado: 19 mayo, 2011 en Sin categoría

“No sé muy bien por qué empezar, así que te copiaré las respuestas de mi amigo Gon junto con información ampliada que he sacado de Internet, del libro “Neon Pilgrim” y de la guía.”

Así empezaba mi carta a Luís, una carta en la que le detallaba la poca información que había preparado para el viaje que nos esperaba 2 días más tarde. Un peregrinaje a lo largo de la prefectura de Tokushima. ¿Qué quién es Luís? Es el novio de Patricia, mi ya-no-tan-nueva compañera de curro. Un tipo algo masoquista, suficientemente atrevido para meterse conmigo en travesías de varias noches y con individuos peores en montañas llenas de osos, y sin apenas conocernos.

Hace dos semanas, más o menos al acabar la Semana Santa, empezó en Japón un periodo de vacaciones en el que todo el mundo se va de vacaciones a la vez, se llama Golden Week, y de “golden” solo tiene una cosa: lo que hay que pagar para volar en avión. Para la Golden Week, la compañía nos obligaba a hacer vacaciones, así que decidí aprovechar los 9 días seguidos de que disponía montándome alguna buena aventura. Pimero había pensado en ir a Hokkaido, la isla más al Norte de Japón. Pero no quería ir en avión, quería hacer ruta. Lamentablemente después de los terribles terremotos y tsunamis no tenía demasiada confianza en poder encontrar trenes y camino fácil. Aunque la idea de ir a ver las zonas devastadas me atraía, al final decidí cancelar ese viaje y optar por el plan B. El plan B era irme a Shikoku, por mi cuenta, y ponerme a caminar… como un burro. Por suerte encontré a otro burro, y juntos montamos una “asnada pa caminar que no es nada”   (imaginaosme a mí poniendo cara de gilipollas y moviendo la mano circularmente en plan “¿Lo pillas? ¿Lo pillas?”).

Así que nada, con mi peculiar manera de organizar las cosas: mucho durante un día, nada durante 7 y sin dormir la noche antes. Partí, junto con Luís, hacia Shikoku. Una de las 4 islas principales de Japón, de la que ya os debo de haber hablado, y si no… debería haberlo hecho… así que no lo haré ahora. Solo os diré que allí hace un porrón de años un tío llamado Kobo Daishi, alias Kukai,  halló la iluminación.

¿Que es eso de la iluminación? ¿Lo alcanzaríamos nosotros también? ¿Pasaríamos a la historia como lo hizo Kobo Daishi? ¿O moriríamos de tanto caminar?

El pardillo peregrino

Continuará…

Cuando la tierra baila

Publicado: 12 marzo, 2011 en Terremoto, Tsunami
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Cuando la tierra baila los elementos le siguen el ritmo, es la coreografía de la canción del horror y hasta las nubes, que normalmente nos observan impasibles, parecen asustadas en Osaka.

Osaka justo después del terremoto

Una ciudad bendecida y bañada por un mar interior, como el Mediterráneo, el Mar Interior de Seto. Osaka es raramente el chivo expiatorio de la madre Gea. Aun así, ayer cantó a capela, mientras tierra, agua, fuego y aire bailaban frenéticamente en todo Japón. Al micro un coro de barcos chocando contra tierra firme, edificios desplomándose, sirenas y llantos de pavor.

En el piso 16, de un edificio más en el centro de negocios de Osaka, un casi recién llegado de Barcelona, incapaz de sentir el balanceo inicial, ignorante de todo lo que está por llegar se suma a las bromas y risas de sus compañeros, cuando el edificio empieza a oscilar.

Segundos más tarde el mundo es un lugar totalmente distinto, las risas se tornan frías y oscuras, pero no se detienen, a medida que la sala se da cuenta de que hoy sí baila la Tierra su fúnebre canción. Las miradas cambian, nadie se atreve a decirlo, pero la risa ya es solo circunstancial. Y aún así, nadie imagina lo que está por llegar.

Cuando el edificio deja de balancearse como si fuera un péndulo, los pequeños temblores que antes causaban mareo y sorpresa pasan desapercibidos con solo el mecer de las cortinas y las nauseas advirtiendo que la canción aún suena de fondo.

Aquello que parecía que nunca iba a terminar, se ha calmado y ahora la capacidad de racionalizar parece volver, todos respiran tranquilos y las bromas se suceden. Hasta que alguien enciende la televisión, y en directo emiten la coreografía de la muerte. De manera totalmente surrealista, el agua se traga la tierra y con ello todo lo que se encuentra a su paso. Barcos, coches y gigantes contenedores de metal, son solo grumos en el cóctel de destrucción.

Tras una hora larga de pequeños movimientos, la tierra ha dejado de bailar en Osaka, pero algo dentro de sus habitantes sigue reverberando. Cada 10 pasos que das, 2 te hacen sentir que todo vuelve a empezar. Es el estribillo pegadizo de esa odiosa canción que no puedes dejar de cantar.

La semana pasada perdí el móvil, y eso me permitió recapacitar, recordar que lo compré para estar cerca de los míos, no más alejado de la realidad. Ahora, la canción de la tierra, me recuerda que estamos aquí por poco tiempo, que el suelo que pisamos también tiene vida, y que los prejuicios y diferencias que existen entre los que la habitamos nos separan. Me entristece que sean las catástrofes lo que nos une. Pero no queda otra que alegrarse, pues ni yo, ni nadie cercano o sus allegados han sufrido ningún daño. Desafortunadamente no se puede decir lo mismo del resto del mundo, donde las catástrofes y las guerras truncan la vida de muchos otros. A todos ellos dedico este texto y si con él puedo hacer que tú reflexiones también un poco me sentiré  feliz.

Fede.

La vacuna

Publicado: 6 marzo, 2011 en Sin categoría
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2 meses y 6 días desde mi última entrada, concretamente los primeros 2 meses y 6 días del año. Me cuesta mucho escribir, me he convertido en un esclavo del trabajo y no es por obligación, es por voluntad. Vine aquí en busca de algo y lucho por conseguirlo, pero lo hago con más corazón que cabeza. Os pido perdón por mi falta de contacto. No es que lo esté pasando mal, mi vida, como lo era en Barcelona, tiene días buenos y días malos.

Ayer fui a hacer snowboard y perdí mi flamante iPhone. Después de buscar una hora, decidí dejar de hacer que los demás y yo, perdiéramos nuestro tiempo buscando y disfrutásemos de nuestro día en la montaña. Mi segunda vez con el snowboard. Mi segunda vez en pistas japonesas, aquí las llaman Gerendes (por lo visto los americanos también las llaman así y viene del alemán, mañana buscaré más info que ahora no he encontrado nada). La verdad es que no pensar en algo que has perdido por no cerrar una cremallera y disfrutar es duro de cojones, especialmente si ese objeto cuesta casi 500 euros. Pero considero que lo hice bastante bien, disfruté como un niño en las bajadas y pensé en el móvil en las frías subidas con el telesillas, mientras mi imaginación me jugaba malas pasadas y me hacía ver móviles en todas partes. A final el día acabó bien, tras 5 horas de bus, cenamos comida china en un puesto que hay dentro de la estación de Umeda y donde en teoría hacen el mejor gyoza de Japón.

Durante el largo trayecto de vuelta, pensé en lo bonito que sería que el Karma existiera de verdad. Que lo que yo hice hace dos semanas (dedicar 1 hora de mi tiempo a devolver una cartera que me encontré en la calle con 83 000 yenes, es decir 750 euros) lo hubiera hecho alguien por mi y me hubieran devuelto el teléfono. Y luego, luego me acordé de por qué compré ese teléfono. Lo hice para poder organizarme mejor, para poder estar en contacto con los míos más fácilmente, leyendo vuestros correos y pudiendo contestar al momento o llamar desde cualquier lugar y a cualquier hora. Pero el móvil es aún un medio que facilita mucho leer pero muy poco escribir, y he pasado de tomarme mi tiempo para leeros y escribiros a solo hacerlo para leeros. Así que hoy, mientras leía un poco de Juego de Tronos en el Starbucks de la estación de Kyobashi, he decidido que perder el móvil sería algo bueno, que iba a cambiar algo. Quizá ese sea mi Karma volviendo.

Aún y así, como soy algo tonto, y confundo el tocino con la velocidad, he decidido que necesitaba un símbolo del cambio. Desde el 2 de Enero que no bebo Coca-Cola, me lo propuse como objetivo para el año, no beber más Coca-Cola por un tiempo, junto con muchos propósitos, y es el único que estaba cumpliendo. Así que hoy me comprado una botella de medio litro, y la estoy disfrutando mientras escribo estas líneas. Una vacuna para una nueva fase, un más, pero tan importante como todas las demás.

PD: Al llegar a casa, antes de escribir esto, he recibido un correo electrónico diciéndome que habían encontrado mi móvil y me lo van a enviar. Luego he hablado con Oriol, mi “compi de proyectos personales”, y con quien hacía tiempo que no hablaba y hemos decidido volver a hacer girar la rueda. Así que parece que la vacuna es efectiva.

Un día antes del último

Publicado: 31 diciembre, 2010 en Sin categoría

Escrito el 30/12/2010 a las 23:30

 

Hoy he ido con Enric a Kyoto. Hemos visitado el templo plateado, que de plateado no tiene más que el nombre.

Entre paso y paso he tenido tiempo de reflexionar un poco sobre el último año. A los que me hayáis ido leyendo sabréis que ha sido un año duro de cojones. El día de reflexión ha acabado esta noche tras unos cuantos diálogos de alto voltaje con Enric y con este escrito. Cierro a jornada previa de reflexión y dejo todo preparado para mañana. Un día de poca reflexión, mucha limpieza y si puede ser diversión rodeado de los pocos amigos que por aquí tengo.

Un abrazo a todos y un buen año 2011!

Anatomía de un año por venir

Publicado: 24 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Siento ser algo dogmático, pero desde el país de la individualidad colectiva, me gustaría decir que aunque el mundo está jodido, sigue estando en nuestras manos.

En el año que viene estiremos los brazos, abramos los ojos, ofrezcamos nuestros hombros. Respiremos profundo. Escuchemos. Soñemos. Vivamos, todos juntos, un año más. Pero sobre todo, detengámonos y usemos nuestras cabezas.

Puede que el mundo ante nuestros ojos, en constante cambio, se haya tejido en un telero de cortinas de humo. Corporaciones que hacen ricos a unos pocos y pobre a la mayoría.
Pero el pobre y el rico tienen algo en común: lo que los llena es hacer aquello que consideran correcto.
Un abrazo y feliz navidad a todos!

El índice

Publicado: 23 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Últimamente he visto en Japón toda clase de aparatos chorras, como una máquina para hacer pan de molde casero o un congelador instantáneo. El otro día, pasé la mañana con dos compañeros de trabajo en una gran tienda, una especie de gran almacén de mercancías donde se puede comprar de todo en grandes cantidades, se llama CosCo. Desconozco si hay en Catalunya, creo que es americano. Total, que allí encontré una máquina revolucionaria, una máquina que te indica tu índice de felicidad.

Los detalles técnicos de la máquina son algo complejos para explicarlos aquí. Pero básicamente se basa en cientos de cálculos y datos que el aparato evalúa sobre el sujeto y concluye con un indice, que en pocas palabras te dice la calidad de vida que tienes.

La cuestión es que la máquina llego a las 3 siguientes conclusiones respecto mi vida:

1 Me lo paso demasiado bien. Es decir, que salgo y como fuera en exceso.

2 Tengo muy poco sufrimiento físico. Es decir, que no practico suficiente ejercicio.

3 Tengo demasiado sufimiento cular y ocular. Es decir que me paso demasiado tiempo sentado delante del ordenador.

 

La máquina se llama BALANZA y me dió un índice de 76Kg. Me parece que mi índice ideal son los 71Kg. Es decir que me pasoooooooo por 5Kg!

TOCA PONERSE LAS PILAS

 

Debería…

Publicado: 4 diciembre, 2010 en Sin categoría

 

Debería estar limpiando mi casa. Hoy he quedado con una chica para cenar y una cosa podría llevar a la otra. Pero me siento vago, y como de costumbre escapo de las cosas que tengo que hacer haciendo otras cosas que tengo que hacer.

Pero no lo hago. De hecho vuelvo a estar sentado en mi cocina frente al balcón, viendo las luces de los edificios de delante entrar por mi ventana. Esta vez por eso se ocultan tras mi propio reflejo, pues tengo la luz encendida. Y mi pierna izquierda descansa en “L” sobre mi pierna derecha. La clásica pose de hombre esperando el metro. La verdad es que nunca he sabido sentarme más de 10 minutos seguidos en la posición “normal”.

Hoy iré a Umeda, a un Izakaya (restaurante de noche japonés) a cenar con esa chica, Mayumi. Creo que intentaré ir a un Izakaya al que ya he ido unas cuantas veces, cada vez con diferente gente. Diría que aún no me reconocen… o por lo menos disimulan. Guillem, creo que os llevé a ti y a Cristina. Y me cuesta hacer memoria, pero lleve a Miho, unos Couch Surfers, mi madre, Maria Pons (o no?), Lisa de Tokyo, Aya (con quien lo descubrimos por casualidad) y como decía alguién más que no recuerdo.

Pero volviendo a lo que debería hacer… unos meses atrás Brandon, un ahora ex compañero de curro, me regaló una aspiradora. La verdad es que me está siendo muy útil. En estos momentos estaría pasando la aspiradora por el comedor, hace días que no lo hago, y como aquí siempre se camina descalzo, el suelo se llena de pelos en seguida. Eso debería estar haciendo, pero estoy cansado, y aburrido.

Por cierto que me he puesto Shaggy para animarme, la verdad es que entre el incienso que quema a mis espaldas, y reagge de Shaggy ante mí, me estoy colocando un poco. Más que animado se puede decir que estoy alegre, contento y medio empanado. Así que en lugar de desliar los cables que forman una trampa mortal en mi comedor, me lío a escribir palabras desordenadamente.

Esta última semana ha sido muy dura, no ha habido tiempo de descansar, aunque entraba a trabajar 1 hora más tarde, esa hora la he perdido en transporte, pues nos han cambiado el lugar de trabajo (solo para esta semana). Así que no he tenido tiempo de limpiar mi ropa. Lo hice ayer a última hora, y ahora debería estar doblandola para que si Mayumi viene aquí no piense que me gusta dejar tirar la ropa tirada por el suelo. Todo el mundo sabe que yo no hago eso. Pero es que estoy algo vago.

En fin, son las 20:22, tengo muchas cosas que hacer y 8 minutos para hacerlas. Así que no debería estar escribiendo.

Desadme suerte.

Fede.

 

PD: No debería haber trabajado hoy, pero hay cosas que uno no puede elegir y cosas que uno elige no elegir.